
¿Qué dice la Biblia acerca de la Trinidad? (2 Co 13.14)
La Trinidad es uno de los grandes misterios teológicos.
Algunos piensan que como somos monoteístas y creemos en un solo Dios, no
podemos aceptar el concepto de la Trinidad. Pero la Biblia enseña que la
divinidad consiste en tres personas —el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo—,
cada una de ellas plenamente Dios y manifestación plena de la naturaleza divina
(Lc
3.21, 22).
El Padre es la persona central de la Trinidad, el Creador,
la causa primera, la idea original, el concepto de todo lo que ha sido y será
creado. Jesús dijo: «Mi padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo» (Jn
5.17).
El Hijo es el «Logos» o expresión de Dios —el «Unigénito»
del Padre— Él mismo es Dios. Aun más, como Dios encarnado nos revela al Padre (Jn
14.9). El Hijo de Dios es tanto el agente de la creación como el único
Redentor de la humanidad.
El Espíritu Santo, la tercera Persona de la Trinidad,
procede del Padre y es adorado y glorificado junto al Padre y el Hijo. Inspiró
las Escrituras, derrama su poder sobre el pueblo de Dios, y «convence al mundo
de pecado, de justicia y de juicio» (Jn
16.8).
Las tres Personas de la Deidad son eternas. El Padre existe
y ha existido desde la eternidad. Junto a Él siempre existió su expresión, el
Hijo. Siempre el Padre amó al Hijo y el Hijo amó y sirvió al Padre. En esta
relación de amor está el Espíritu de Dios, quien ha existido desde la
eternidad. No es que el Padre existiera primero, el Hijo después y por último
el Espíritu. Los tres han sido desde siempre, antes que nada existiese; tres
Personas distintas en un solo Dios. En la ocasión del bautismo de Jesús, las
tres personas de la Trinidad estaban presentes y actuantes. El Padre habló
desde el cielo, el Hijo cumplía toda justicia, y el Espíritu descendió sobre el
Hijo como una paloma (Mt
3.16, 17).
La Trinidad es un misterio que un día podrá ser comprendido
con claridad. Por ahora, sabemos que la Biblia habla de ella y Jesús la revela;
la iglesia cristiana desde el principio ha confesado y salvaguardado esta
preciosa verdad (1
Co 12.4–6; 2
Co 13.14; Ef
4.4–6; 2
Ts 2.13, 14).
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